Noche cerrada. Silencio. No hay nada. No hay nadie. Una luna llenísima se encarga de alumbrar solo el costado de las formas. Primero comienza a escucharse un traqueteo que luego se transfigura en un tren. En el tercer vagón, vienen Daniel y Mariana. Todavía no se conocen. Mariana intenta leer el primer tomo de En busca del tiempo perdido . Va por la mitad. Cada tanto levanta la cabeza y mira la ventanilla. Daniel pareciera que escucha heavy metal al palo. Pero está en otra. Mira y no mira. Se le entrecierran los ojos. Cada tanto cabecea. Un frenazo brusco lo hace despertar. Afuera, todo igual. El tren se queda inmóvil. Se saca un auricular. Pregunta qué pasó. La única que parece escucharlo es Mariana. El resto está quieto. Quizás demasiado quieto. Cierra el libro y se levanta para ver de quién es esa voz. Y ahí está Daniel y sus ojos bien abiertos. Se le escapa una sonrisa que despierta en el otro una reacción similar. Se quedan un rato así. Mirándose. En silencio. No hay nada. No ha...