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Mostrando entradas de octubre, 2011

Lento, va cayendo lento

Noche cerrada. Silencio. No hay nada. No hay nadie. Una luna llenísima se encarga de alumbrar solo el costado de las formas. Primero comienza a escucharse un traqueteo que luego se transfigura en un tren. En el tercer vagón, vienen Daniel y Mariana. Todavía no se conocen. Mariana intenta leer el primer tomo de En busca del tiempo perdido . Va por la mitad. Cada tanto levanta la cabeza y mira la ventanilla. Daniel pareciera que escucha heavy metal al palo. Pero está en otra. Mira y no mira. Se le entrecierran los ojos. Cada tanto cabecea. Un frenazo brusco lo hace despertar. Afuera, todo igual. El tren se queda inmóvil. Se saca un auricular. Pregunta qué pasó. La única que parece escucharlo es Mariana. El resto está quieto. Quizás demasiado quieto. Cierra el libro y se levanta para ver de quién es esa voz. Y ahí está Daniel y sus ojos bien abiertos. Se le escapa una sonrisa que despierta en el otro una reacción similar. Se quedan un rato así. Mirándose. En silencio. No hay nada. No ha...

Subterránea

Viernes 21:25 El instructor de Yoga más derecho que vi en mi vida y la mujer con los ojos más enamorados de todo el vagón. Ella lo mira fijo, él mira al piso. La fotocopia número uno de oficinista canta canciones de cancha como si quisiera salirse de ese traje en ese mismo instante. Vos. Nos sostenemos la mirada durante un rato, me gusta cómo mirás, mirás adentro, mirás profundo. El nene descalzo me deja unas gomitas para el pelo. Tenemos a la expulsión capitalista enfrente y nadie parece ni siquiera notarlo. Para él es lo mismo que sea viernes. Ellas, perfumaditas, pintaditas, y arregladitas. Chicas bien. Te reís. Se les nota en la cara. Esa sí va a ser LA NOCHE. La fotocopia número dos desvencijada sobre el asiento duerme con la boca abierta, mientras un hilo de baba cae sobre su camisa blanca. Dos casi treintañeras poniéndose al día. Él te dejó ir, él se la pierde, ya va a volver arrepentido. Todos vuelven es cierto. El gordito barbudo suda esfuerzo y esperanza de q...

Los pies del hombre tendido en el piso

Lo vi llegar con su boina a eso de las seis y media . Venía arrastrando los pies, caminaba con la espalda desvencijada. Miró a donde estaba yo y levantó la mano a la vez que casi sonrió. “Buen día , Don Olegario”, le dije mientras repetía su gesto desde la vereda de enfrente. Giró y abrió con calma las tres cerraduras de la reja, luego la puerta del local y entró en ese universo de cadáveres mecánicos. El día venía flojo. No había mucha gente por la calle. Y es que el frío daba ganas de quedarse un rato más, sobre todo un sábado. Solo había vendido dos o tres diarios. Me cebé un mate. Chupé con ganas, estaba demasiado corto, le había puesto mucha yerba. Prendí la radio, decían que había 7 grados. Me cerré la campera hasta arriba y metí las manos en los bolsillos. En eso dobló a toda velocidad un auto. Era un Honda rojo de película. Frenó de golpe a la altura de mi kiosco, se bajó la ventanilla, y una vocecita preguntó por Don Olegario. No me animé ac...