Vos te sentás, pedís una birra, prendés un pucho y dejás que el tiempo pase. Mientras tanto, él y su moto sudada ven el aire rodar entre círculos de humo vicioso. Hasta que llega ella y con ella, los gendarmes.
Cuando la destapás, una gota se escapa de la abertura. No entendés por qué en un microsegundo explota. La mesa se llena de cadenas. Pero una mísera y microscópica gota roe insistentemente uno de los eslabones.
Lo ves volver a él ,cabizbajo, y a su chaleco de cuero. En dirección contraria, los gendarmes cada vez se vuelven más chiquitos.
Postfacio: Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia. La idea original surge en una noche de verano en Hurlingam, sentada en un bar con mis queridas Carlita y Noe. El primer esbozo está escrito en una servilleta.
Cuando la destapás, una gota se escapa de la abertura. No entendés por qué en un microsegundo explota. La mesa se llena de cadenas. Pero una mísera y microscópica gota roe insistentemente uno de los eslabones.
Lo ves volver a él ,cabizbajo, y a su chaleco de cuero. En dirección contraria, los gendarmes cada vez se vuelven más chiquitos.
Postfacio: Cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia. La idea original surge en una noche de verano en Hurlingam, sentada en un bar con mis queridas Carlita y Noe. El primer esbozo está escrito en una servilleta.
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